Holanda celebra al genio holandés, Rembrandt van Rijn, a 350 años de su muerte

Rembrandt 1658 Frick Collection- Nueva York

Siempre me he preguntado qué dirían los artistas fallecidos que hoy gozan de fama mundial y que en vida no pudieron disfrutar de las ganancias económicas fruto de sus creaciones.  Me imagino a Van Gogh y Rembrandt charlando en un café sobre la popularidad de la que hoy gozan en Holanda y el mundo. En los museos admiramos sus obras, las luces, las formas, los colores, los trazos. ¿Quién podría imaginar que detrás de los coloridos girasoles de Van Gogh había un hombre sumido en la depresión? Esos girasoles, que me recuerdan que no todo lo que veo es lo que es. Rembrandt no pintaba girasoles ni en sus obras figuran los colores vivos y radiantes que empleaba Van Gogh. Cuando pienso en su obra, la asocio de inmediato con la dualidad luz-sombra, la dualidad de la vida en la que nos movemos. Y me mueve mucho tratar de saber qué sentía el hombre detrás del pintor. Rembrandt pintó una infinidad de autorretratos a lo largo de su vida. Cada uno de ellos da mucho de qué hablar. En particular me llama la atención este de 1658, uno de los años más difíciles y creativos del genio holandés, según mis fuentes.
Veo a un Rembrandt imponente, majestuoso, amo y señor de su reino. Envuelto en mantos dorados que brillan y lo envuelven en poder. No soy experta en la obra  de Rembrandt, pero me gusta esa idea de que se haya retratado poderoso y vigoroso en la madurez de su vida después de haber enfrentado rechazo, deudas y muchos problemas personales. Su mirada refleja todas esas penurias, pero a la vez la esperanza de que vendrían cosas mejores, pues cuando pintó esta obra solo tenía 52 años. Sus manos grandes, fuertes, las de un pintor, las de un hombre que toma las riendas de su vida.
La paradoja de que Rembrandt se haya autorretratado como un rey ocupando su trono es que en 1658 se declaró en bancarrota. Aunque se sabe que no era un hombre muy alto, aquí decide mostrarse como un hombre imponente. Pero, si vemos atentamentamente, su figura comienza a perder fuerza en la parte inferior del autorretrato. Las pinceladas son más suaves, el poder comienza a difuminarse. Aunque en sus años dorados Rembrandt se autorretrataba como un monarca joven y elegante, aquí luce como uno maduro al que no le interesa autoadularse, sino disfrutar del esplendor de su vida mientras el tiempo sigue su paso.
Pero esto es solo lo que yo veo. Y eso es lo bonito, que Rembrandt nos invita a ver y a darle un sentido a la vida.
En 2019 se conmemorará en Holanda por todo lo alto los tres siglos y medio de la muerte del genio holandés Rembrandt van Rijn, así que tienes muchas oportunidades para adentrarte en su obra y ver más allá de la luz y los trazos.
Pinacotecas e instituciones por toda Holanda rendirán tributo al maestro y también a los artistas coetáneos que conformaron el próspero contexto histórico conocido como el Siglo de Oro holandés (siglo XVII).
Para más información sobre todas las actividades y eventos que tratarán de rememorar al artista en Holanda, visita:

2019: Año de celebraciones en Holanda por los 350 años de la muerte de Rembrandt

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