Pasajitos por favor.

Por Joëtta Zoetelief

Va a subir’, anuncia la voceadora en voz alta . ‘Prado, Plaza de Estudiante, UMSA, 6 de Agosto’. ‘Prado, Plaza de Estudiante, UMSA, 6 de Agosto’. Seduciendo a la gente con sus palabras, los voceadores en La Paz tratan de conseguir nuevos pasajeros para sus movilidades, algo que crea una escena caótica en la ciudad.

A veces nombran los destinos  tan rápido que, según yo, nadie puede descubrir a dónde se dirige el autobús, excepto los habitantes de esta ciudad misma. ‘¿Alguien se queda?’ Ninguna respuesta. ‘Nadie’. El chofer echa un poco de gasolina y seguimos el viaje en alta velocidad. A mi lado un pasajero hace una oración rápida. ‘Pasajitos por favor’. Mientras los pasajeros buscan 1,50 bolivianos, el precio del viaje, la voceadora empieza a colectar los pasajes de cada quien. ‘Sueltitos no más’. ‘Me quedo en la esquina por favor’, una frase que ahora me suena muy conocida pero que no era siempre así. ‘Se va a quedar’. Con frenos chillones el minibús se para. Los otros seis pasajeros tienen que bajar primero para que yo pueda también bajar. Qué feliz que llegué.

Viajar en minibuses es una experiencia en sí. El minibús tiene su idioma que resulta en un primer viaje difícil para turistas (¿Cómo pedir que pare el minibús? ¿Cuándo pago y cuánto? ¿Dónde puede el bus parar?). Cuando entras un bus cada vez te  encuentras con una sorpresa. La música varía de Morenadas bolivianas hasta Black Eyed Peas, puedes pasar el tiempo leyendo todas las pegatinas con consejos, hasta la vestidura de las sillas que pueden tener estampados de pantera o simplemente en color negro. Los viajes no van siempre tan fáciles. A veces pides parar en ‘la parada’, pero parece que la parada es mucho más lejos que el lugar adonde quieres ir, pagas 2 bolivianos y dices ‘está bien así’ pero parece que el pasaje en realidad es 2,50 porque es más largo, de repente hay un bloqueo y todos tenemos que bajar, o el autobús no puede continuar porque no hay gasolina.

El medio de transporte es algo que caracteriza una ciudad, un lugar, de manera que no te darías cuenta directamente. Además, desde la movilidad, experimentas y conoces el lugar de otra manera. En Holanda no puedes pasar por una calle sin ver una bici y es que la mejor manera para experimentar y disfrutar de los canales es yendo en bici . Y es que  cuando entras a Ámsterdam lo primero que ves es el ‘fietsflat’, un garaje solo para bici’s. El minibús es la bici de La Paz. A los minibuses les puedes odiar por el ruido, el sonido de los cláxones, de las voces gritando los destinos y los frenos chillones, y no olvidando la contaminación y el peligro en el tráfico, pero también les puedes amar porque te llevan a cada lugar de esta ciudad, paran por ti en cada parte de la calle que pides, la manera en que aprecias la ciudad desde la movilidad  y las situaciones chistosas que solamente puedes experimentar en estos viajes. Parece que descubrir la vida en esta ciudad al pie de la Illimani incluye descubrir viajar en este bus. Por lo aventurero que puede ser un viaje en minibús, parece ser una prueba hacerlo como los paceños, pero, después de unas cuantas veces, ¡la prueba ha sido superada!

Escucha también la canción “Sale Ceja” sobre el minibús de Atajo, una banda boliviana.

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