Deja que tu holandés fluya.

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Albert* comenzó  el taller  con la siguiente pregunta:¿sería atractivo para ustedes hablar holandés fluido?

Todos los presentes en el taller “Finding Dutch Flow” asentimos. Claro que a todos nos resulta atractiva de hablar holandés fluido. De diferentes edades, países y con tiempos distintos en Holanda, todos compartíamos el mismo bote en las ‘difíciles aguas del idioma holandés’.

A la pregunta sobre nuestras experiencias con el holandés,  respuestas hubo muy distintas. La primera fue una chica irlandesa.  ‘Los primeros cuarenta segundos de conversación en una tienda, la gente cree que soy holandesa. Como no les contesto tan rápido, después creen que soy holandesa con problemas mentales pues comienzan a hablar más despacio’.  Para Michael, de Estados Unidos, la situación es muy diferente. Después de 19 años de casado con una holandesa y una hija de cinco años, su holandés es muy limitado. Admite con una sonrisa ‘la verdad es que yo podría hablar más y mejor holandés pero mi mujer es perfeccionista y cada vez que digo algo mal me corrige. Eso me limita mucho’.  Agrega: ‘cada vez que mi hija va a jugar con el vecinito, prefiero que mi esposa vaya por ella porque yo no sé cómo interactuar con los padres del niño’.

Para un padre sueco, la historia es un poco similar. Solo que no es la perfección de su pareja, sino la suya, la que lo limita a hablar holandés.  El sueco reconoce: ‘cuando era pequeño, recuerdo que los suecos se burlaban mucho de los inmigrantes que aprendían sueco y cometían errores; creo que por eso me detengo pues me aterra la idea de que se burlen de mí’. ‘No quiero sonar como niño de cinco años’.

Albert sonríe y lanza la pregunta ‘¿qué tiene de malo sonar como un niño de cinco años?

Los niños aprenden porque no tienen miedo a equivocarse. No les da pena que los juzguen o verse ridículos.  Por eso, Michael interrumpe a Albert: ‘sí, de hecho yo me siento mucho más seguro hablando con niños que con adultos; cuando estoy con niños, si no les entiendo, repiten una y otra vez lo que dijeron hasta que yo entienda’. ‘Mis inhibiciones desaparecen’.

Después de escuchar estas historias, salieron a la luz algunas de las limitantes que nos impiden hablar holandés:

1. Creer que no podemos.

2. Pensar que no podemos aprender porque somos mayores.

3. El temor a hacer el ridículo.

4. El ser perfeccionistas.

En resumen, todo está en la mente y en el enfoque que adoptamos al querer o no querer hablar holandés.

Hablar holandés como un proceso creativo.

Coincido con Albert en que muchas son las escuelas y centros de enseñanza del holandés donde garantizan resultados inmediatos a base de reglas, sesiones largas de estudio, listas inmensas de vocabulario, entre otros. Sin embargo, muy pocos se hacen promoción con el lema ‘diviértete, sé creativo y deja que el holandés fluya’. En lugar de ver el holandés como un idioma de reglas y sonidos extraños, podemos verlo como un idioma en el que podemos ser creativos o dicho de otra forma, disfrutar el proceso. Portándonos como niños de cinco años podremos aprender más de lo que imaginamos.

El humor holandés y el deseo de hablar holandés.

Que los holandeses son muy directos y que su sentido del humor puede ser ‘agresivo’ para otras culturas, no es ninguna novedad. Probablemente se han burlado de ti o te has sentido ofendido por algún comentario. Si llevas mucho tiempo en Holanda, ya estarás acostumbrado. Si eres nuevo, no te lo tomes a pecho. Si estás aprendiendo holandés y te da pena o sientes ridículo frente a otros, no lo hagas porque como bien dice Albert: ‘muchas veces creemos que la gente está al pendiente de lo que decimos cuando en realidad su mente está totalmente en otra parte’. Siguiendo con las burlas, Albert nos explicó su particular teoría de porqué los holandeses tienden a ‘criticar’ a los demás: es por un complejo de inferioridad histórico. Si nos ponemos a pensar, Holanda es un país pequeñito rodeado de culturas muy ricas y países más grandes territorialmente hablando. Que su idioma sea tan difícil para otros es como un arma secreta para los holandeses. Así que nada de tomarse a pecho las burlas.

El mejor reconocimiento es el propio.

La realidad es que los holandeses no suelen dar cumplidos ni dar palmaditas como en otras culturas. No esperes que te reconozcan el esfuerzo. Habrá quien te diga ‘qué bien, qué bueno que hablas holandés’, pero no será la mayoría.  Si estás hablando mucho o poco holandés, todos los días tú reconoce el gran esfuerzo que estás haciendo.  Al final del día el reconocimiento propio es el que más vale.

En pocas palabras, cometer errores y no tomarse a pecho las burlas,  son dos llaves que nos abrirán la puerta a un holandés fluido.

*Albert Both imparte clases de inglés y holandés en Talen Coach, Amsterdam.

Les recomiendo que visiten el sitio web de Albert  y sepan más sobre  su curso “Dutch Brainwash” y porqué hablar holandés puede ser divertido:

http://www.talencoach.nl/

Keizersgracht 8

1015 CN AMSTERDAM

Tel: +31 (0)20 – 3313738


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