La vida en Holanda

Educando a una hija bicultural…

Cuando dos personas de distintas nacionalidades se aman y deciden tener una familia, es importante llegar a ciertos acuerdos. En este artículo, Roberto nos comparte aquellos  a los que ha llegado con  su esposa Nienke (Holanda)  para educar a su pequeña Annelies.

 Cuando Nienke  y yo empezamos a salir juntos, un día  tuve la brillante  idea de prepararle una cena romántica. Como no soy muy buen cocinero y solo sabía preparar platos con salsa de tomate, se me ocurrió hacer un intento de enchiladas rojas, receta de mi madre. El día de la cena,  limpié mi departamento como nunca, seleccioné la música que a ella le gustaba y me puse a cocinar. Me esmeré bastante y la verdad es que me quedaron bastante bien. Al menos, yo estaba seguro de eso pero cuando vi el rostro de Nienke, cual si fuera un tomate, y bebiendo agua desesperadamente, tuve que dudar. Pero ¿cómo iba a imaginar que la salsa le picaría tanto? Si sólo le había puesto un chilito habanero…

 

Después de esa noche, Nienke siempre tiene la crema a la mano cuando yo cocino. No importa que solo le haya puesto poquito picante…

Como esa anécdota tenemos muchísimas pero creo que no nos percatamos de la importancia que tiene llegar a ciertos acuerdos hasta el día en el que supimos que nuestra hija Annelies estaba por venir. Fue entonces cuando realmente nos pusimos a pensar en cosas como ¿en qué idioma le hablaremos?, ¿qué tipo de comida le daremos?  …
Quisiera compartir con  ustedes algunos de los acuerdos (tácitos o explícitos) a los que hemos llegado porque es importantísimo contar con ellos cuando la familia comienza a crecer.  

Mag ik  la sal?

 La clásica pregunta que nos hacen las personas que recién nos conocen es:”¿En qué idioma hablan entre ustedes, en español o en holandés?” Siempre respondemos que en los dos.  Muchas veces (sobre todo cuando los dos estamos muy cansados) Nienke  me habla en holandés y yo le contesto en español. A pesar de que solemos combinar mucho el español y el holandés, creo que ambos idiomas están bastante integrados en nuestra vida. Mi holandés no es perfecto, (está lejos de serlo aún)  pero me permite comunicarme con cierta facilidad y el español de  Nienke es bastante bueno, así que no tiene ningún problema en  escucharme o hablarme en español.

A nuestra hija Annelies  hemos decidido criarla biculturalmente.  Para Nienke y para mí es fundamental que  nuestra pequeña bebé aprecie  y aprenda ambas culturas. Yo trato de hablarle en español casi  todo el tiempo y Nienke  le habla en inglés. Probablemente eso sea un poco confuso para ella pero creemos que a largo plazo es lo mejor.  Al hacer esto,  probablemente tarde un poco más en comenzar en hablar, pero con el tiempo la pequeña podrá hablar perfectamente en los dos idiomas. Para tratar de facilitar un poco la comunicación con nuestra hija, hemos empezado a utilizar lenguaje a señas, así que usamos una misma seña para “leche” y “melk” y otra para “agua” y “water”. Annelies  parece responder a las señas, o por lo menos se ve divertida y sonríe  cada vez que las hacemos.

“Jullie Nederlanders….”

Otra de las actitudes que creemos fundamental es  respetar ambas culturas.  Evitamos hacer bromas o comentarios como “Ustedes los mexicanos son muy perezosos” o “Ustedes los holandeses siempre están quejándose de todo”. Me parece  que comentarios de este tipo  pueden a llegar a ser bastante ofensivos y refuerzan varios estereotipos negativos. Además,  al ridiculizar o criticar una cultura en cierta forma estamos haciendo lo mismo  a nuestra hija. La verdad  es que  escoger una sola cultura es prácticamente imposible. Después de vivir varios años en México, Nienke  tiene ciertas actitudes más comunes en México que en Holanda (como la de saludar a la gente que encuentra en la calle o decir “buen provecho” cuando entra o sale de un restaurante), y a mí me pasa igual.  Para bien o para mal, a fuerza de vivir en ambos países nos hemos vuelto una mezcla de ambas culturas y eso se verá seguramente reflejado en nuestra pequeña.

Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre

Una de las discusiones que hemos tenido ha sido sobre el tema de la religión, Nienke como muchos holandeses, no pertenece a ninguna iglesia. Yo, por mi parte, he vivido toda mi vida en una familia católica y definitivamente las creencias religiosas de mi madre me han influenciado. Recuerdo varias noches en las que Nienke y yo hablamos sobre el significado de la  religión para cada uno de los dos, y nos dimos cuenta que había más cosas en común que en conflicto. Al final lo que ambos  deseamos  es que nuestra hija  crezca en paz con las personas que la rodean, que sea compasiva y que no sea indiferente al sufrimiento ajeno.
Como nuestra hija no está bautizada, mi familia siempre pega el grito en el cielo. Especialmente mi madre que siempre bromea al decir que un día la llevará a escondidas a la iglesia. Aunque sea una broma que mi madre ama hacer, Nienke y yo siempre dejamos muy en claro nuestra visión sobre este asunto esperando que la respeten.

Nos falta un largo camino por recorrer y por supuesto  nos falta decidir  cuándo empezar a darle de comer picante a  la niña. Yo sugiero que sea pronto  para que se vaya acostumbrando, aunque su madre preferiría que nunca lo hiciera. En fin, me queda claro  que siempre habrá algunas diferencias culturales que no podremos solucionar…

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